jueves, 10 de enero de 2013

La sorpresa del año nuevo

El año comienza con novedades… uno de los lugares que durante nueve años y pico me ha llevado por la senda de la amargura, con despertares bruscos de madrugada, agobios varios, amenazas, acompañamiento de guardia civil, cierres, multas astronómicas… simple y llanamente han alquilado el local a otra persona.

El nuevo no sé cuánto aguantará pero de momento ha limpiado y limpiado y requetelimpiado y la mugre y roña que pensaba que se mantendría hasta a perpetuidad, ha desaparecido.

No sé si es que por fin vieron la luz, si es que se cansaron, si las cuantías de las multas eran desorbitadas o que les ha tocado la lotería de Navidad… no me siento victoriosa de una batalla perdida desde el primer día de inspección… era un sitio que tras ese primer acta grasienta y olorosa, debía haberse cerrado con mano firme… pero topamos con la política y su especial arte de mirar para otro lado y guardar en un cajón las cosas que no gustan porque les hace perder votos… y así, inspección tras inspección hasta que se “semicerró” para luego, alcalde de por medio, reabrirse sin que nada hubiera cambiado… ya con el consiguiente choteo hacia los inspectores que hemos ido poniendo la cara (gracias compañeros por acompañarme aunque se lo jugaran a piedra-papel-tijera)

Cada día me convence más la idea de indicar mediante un código, letra, color o lo que sea, el estado sanitario de los establecimientos alimentarios… así el consumidor sabe a qué atenerse… y que eso lo decidan técnicos cualificados y no el político de turno… es tan simple (que no sencillo) como reunir los datos de inspección, reportaje fotográfico si es preciso y tras una reunión de trabajo entre los compañeros de distrito decidir si es A, B, C…. y ya espabilarán para intentar que en la siguiente inspección la categorización sanitaria sea la mejor…

Sin dudar, esta señal hubiera sido la que colgase de la puerta del establecimiento. Nueve años… casi nada… no, no murió nadie pero las cagaleras se contaban como algo habitual hasta por parte de los médicos del centro de salud… pero como no eran relevantes… pues nada… que si uno quería quitarse rápido algún kilito, unos caracoles allí y tan estupendo…

Mi gran-gran-gran pesadilla de la cocina ha desaparecido… dudo que tenga un lugar como este en lo que me queda de vida inspectoril… He aprendido mucho con esta “experiencia” pero no, no los echaré de menos…

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